MÁS ALLÁ DEL MERCADO Y LA GANANCIA: LAS EMPRESAS Y EL VALOR COMPARTIDO PARA AFRONTAR LOS RIESGOS GLOBALES

 

Introducción.

Nos enfrentamos a una de las mayores crisis civilizatorias de los últimos siglos para la humanidad, poniendo en riesgo tanto los avances en materia de desarrollo económico, como los fundamentos de la organización social, hábitos y mecanismos de comportamiento que se han venido consolidando durante la historia reciente y que, gracias a los avances tecnológicos, de comunicación y de integración impulsados por la globalización hoy tienen un alcance mayor.

Si bien la humanidad se ha enfrentado a diversas amenazas como guerras nucleares, crisis de recursos, sobrepoblación u otras, el nuevo coronavirus, descubierto a finales de 2019 (inicialmente llamado COVID-19 y oficialmente denominado SARS-COV2), se ha convertido en una amenaza mundial en tiempo record (menos de 6 meses). La propagación de este virus altamente infeccioso ha causado una emergencia humanitaria, económica y de seguridad en casi todos los países, en donde gobiernos, empresas e
individuos han adoptado en mayor o menor medida diversas estrategias para intentar reducir los contagios y atender a las circunstancias sobrevinientes.

A pesar que contamos con tecnologías altamente desarrolladas en las áreas de salud, transporte y telecomunicaciones, se hace evidente la fragilidad que tenemos como especie al darnos cuenta de lo expuestos que quedamos ante las sustancias poco conocidas que nos pueden hacer daño, y los desequilibrios de la naturaleza. Tanto es así que, a pesar de tener aviones, no podemos viajar y nos encontramos aislados en pequeños núcleos, pues el sistema de salud mundial está cercano al colapso, y aún teniendo industrias y comercio de todo tipo, la economía global está estancada.

Frente a esto, muchas empresas no solamente han incurrido en pérdidas proyectadas a inicios de este año, sino que un número considerable han tenido que declararse en bancarrota o en suspensión temporal por cuenta de su incapacidad de prestar su servicio por cuenta de las medidas tomadas por los gobiernos, así como de la baja actividad comercial.

En este mismo sentido muchas empresas han renunciado a sus programas de responsabilidad social corporativa y están buscando centrar sus esfuerzos en la reestructuración de su negocio y en medidas que les permitan sortear la crisis para sobrevivir.

Por ello es necesario analizar datos, encontrar variables y reflexionar sobre el camino que permita enfrentar este tipo de eventos y al mismo tiempo intentar ver las formas de enfrentar un mundo en tiempos de pandemia durante plena revolución digital del siglo XXI. La esperanza que compartimos quienes estudiamos el manejo de las crisis y los riesgos globales es que estas situaciones ayudan a identificar los aspectos que debemos mejorar, y sirven para dinamizar procesos de cambio que, de una u otra forma, nos permiten redescubrir nuestra esencia como humanos, apoyándonos en la ciencia y la tecnología para superar obstáculos, en aras del desarrollo humano y la sostenibilidad (Vinyamata, 2015) El presente documento expone varios puntos para dar luces en esa dirección.

1. COVID-19 / SARS-COV2, las empresas y los objetivos de desarrollo sostenible.

La explotación de recursos, la contaminación y el deterioro biótico y abiótico ligado al desarrollo y maneras de realizar ciertas actividades sociales, económicas o culturales, genera una carga nociva al medio ambiente que ha sido crecientemente estudiada y reconocida desde la segunda mitad del siglo pasado hasta ahora. Los esfuerzos para generar conciencia y promover la preservación del ecosistema planetario son innegables, y a pesar de ello, muchos de nuestros patrones de conducta siguen causando, de diversas maneras, estragos a la naturaleza y a nosotros mismos.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) -uno de los marcos de referencia más usados para la acción mundial trazan metas ambiciosas que sostienen como componente transversal de su agenda el cuidado del medio ambiente a través de la no contaminación, los asentamientos humanos sostenibles, la producción y el consumo responsable, la acción por el clima, el cuidado por la vida submarina y los ecosistemas terrestres.

Todavía estamos lejos de alcanzar esas metas, tanto en tiempo, como en indicadores, a la vez que en el momento presente nos enfrentamos ante multiplicidad de amenazas que ponen en peligro el futuro y nos hacen preguntarnos si son suficientes los esfuerzos que estamos haciendo para sostener nuestro hábitat.

Desde el año 2006 hasta la actualidad, el Foro Económico Mundial (WEF) ha advertido en distintas ediciones de su Informe de Riesgos 3 , la alta probabilidad de sufrir múltiples crisis de gravedad en las que tendría fuerte incidencia la huella humana; tal como el surgimiento de infecciones, crisis alimentarias e hídricas, desastres naturales, perdidas de biodiversidad, alteración de ecosistemas y sobrecargas climáticas.
Desastres que en mayor o menor medida se han podido evidenciar, pero que no han generado cambios significativos a nivel mundial en los patrones de conducta que los originan.

Es por ello indispensable darnos cuenta quede que la actual pandemia, causada por la expansión de contagios del SARS-COV2, no es el único peligro al que estamos expuestos, ni la única de las amenazas en las que puede derivar la acción depredadora sobre el medio ambiente (World Economic Forum, 2020) .

La globalización hasta ahora ha dinamizado la economía mundial y nos ha llevado a estar estrechamente conectados; ha estimulado el comercio, la industria y las interacciones sociales, pero también ha sido el
escenario de una cultura de explotación de recursos. Que sobre-produce, sobre-consume, y contamina.

Y mientras la población mundial continúa creciendo, seguimos condensándonos en espacios urbanos donde la capacidad de aglomeración de personas es inversamente proporcional al distanciamiento entre ellas.

Se hace manifiesto tener que considerar seriamente, de cara al siglo XXI, la posibilidad de que sigan surgiendo nuevos agentes infecciosos como producto de alteraciones biológicas en los ecosistemas (Villamil, 2013) . Brotes recientes de enfermedades de tipo animal, como el Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS-COV) en el año 2003, o el tipo de influenza H1N1 en el 2009, advertían con antelación lo cerca que nos encontrábamos de una emergencia sanitaria de mayores proporciones. En una acertada
conferencia (TED, 2015) Bill Gates advertía que las guerras y los próximos desafíos de la humanidad no iban a ser como los conocíamos, esto es, con armas atómicas o convencionales y con enfrentamiento entre grandes ejércitos, sino contra microorganismos, enemigos invisibles que podrían arrasar a poblaciones enteras e infiltrarse en sus células sin ser percibidos.

Tal como ocurrió con el SARS detectado en 2003, este nuevo tipo de Coronavirus contagiado a finales del 2019 (SARS-Cov2) puede ser albergado de manera latente por otras especies del reino animal, que eventualmente sirven como intermediarios en una cadena de transmisión zoonótica, hasta llegar al ser humano como consumidor final. Este cambio de hábitat puede ser visto como un mecanismo de supervivencia ante la explotación de especies nativas y la necesidad de adaptarse, buscando nuevos
organismos.

Uno de los primeros artículos que informó a la comunidad sobre el real potencial de riesgo del COVID-19 o SARS-COV2 (Zowalaty, 2020) indica que el origen de los contagios fue rastreado epidemiológicamente hasta uno de los Wet Market de la ciudad China de Wuhan, donde comúnmente se trataba y consumía posibles especies portadoras de esta clase de virus, que se encontraban en constante interacción entre si, y, al mismo tiempo, con el ser humano. Dejando a un lado debates en torno a la posible influencia directa del hombre en la creación del virus, se asocia el inicio de esta pandemia con la falta de regulaciones en hábitos aparentemente triviales y cotidianos, como el consumo de la fauna silvestre.

Aunque el surgimiento de esta pandemia nos ha tomado con poca preparación, podíamos haber previsto que la presión extrema sobre nuestros ecosistemas nos iba a llevar inevitablemente a consecuencias de este estilo, que amenazan el bienestar de todos.

Más que buscar un detonante en esta situación, debemos enfocar los esfuerzos conjuntos hacia el fomento de la acción organizada para transformar nuestra manera de habitar en el mundo.
Figura 1: Posible trazo del contagio del COVID-19 / SARS-COV2

Fuente: (Zowalaty, 2020) “From SARS to COVID-19: A previously unknown SARS-CoV-2
virus of pandemic potential infecting humans – Call for a One Health approach”.
Si bien la destrucción material que causan las guerras es mayor a la que se deriva de esta pandemia, la comparación con este estado excepcional nos sirve para ilustrar la difícil situación que atravesamos, el impacto que acarrea en la historia, y la consecuente transformación que puede generar en los sistemas humanos.

Sin embargo, este es un tipo de batalla diferente, si bien tiene los componentes de asimetría y movilización de recursos, también es cierto queque, al identificar un enemigo común, junto con estrategias articuladas y coordinadas, permite acciones conjuntas para mitigar su expansión y
afectación en la vida humana. En la medida en que se tome la lucha contra la COVID-19 como una batalla común será posible movilizar más voluntades y establecer estados de emergencia que permitan actuaciones extremas para frenar su avance.
Es así que a causa de la COVID-19 las acciones internacionales han ido encaminadas a frenar el avance de la expansión deteniendo la mayoría de actividades comerciales y cerrado fronteras tanto aéreas como terrestres, procurado el aislamiento social, promulgado diversos tipos de respuestas gubernamentales para enfrentar la situación, e iniciado una carrera por encontrar vacunas, al tiempo que intentando sortear los desafíos para reanudar actividades económicas y sociales.
En este contexto el rol de las empresas es fundamental para superar las condiciones de crisis actual y buscar proteger tanto la salud, como las opciones de actividad económica para el desarrollo humano. ¿En qué consiste este nuevo rol?

2. Empresas que generan valor compartido en el nuevo orden mundial

La teoría económica clásica y ortodoxa nos ha enseñado que es a partir del egoísmo, el sentido de superación personal, la ambición empresarial y la competencia en el mercado lo que se ha impulsado gran parte del desarrollo de las sociedades; básicamente lo que se propugna desde una visión antropológica realista es que el ser humano busca siempre satisfacer sus intereses a través de recursos limitados y que en su maximización y aprovechamiento por el empresario es que se logra un amplio beneficio social. Todo intento en contra de ello es un recorte a la libertad humana.

Si bien la libertad humana es connatural al mercado y este no es una imposición ficticia, otras posiciones de filosofía antropológica han llevado a reconocer en los valores de la solidaridad, la compasión y el cuidado un rasgo fundamental de la evolución humana. Un factor determinante que permitió a la humanidad sobrevivir a eventos  adversos, a amenazas naturales de todo tipo incontrolables o a escasez de alimentos fue justamente la capacidad de cuidado colectivo y de protección de los más vulnerables
(Piketty, 2019) .

En este momento en donde vivimos tiempos inciertos, en donde el temor es propio de la cotidianidad de millones de habitantes no solo por la posibilidad de la muerte, sino por la incapacidad de sostener su estilo de vida se hace necesario pensar más allá de la lógica de mercado e impulsar la solidaridad, el cuidado y las medidas de protección conjunta para lograr mitigar la crisis e impulsar nuevamente la economía.

Estamos viendo una crisis del capitalismo (Marx, 2008) , sin lugar a dudas, pero esta no es producto de una contradicción del sistema mismo que lo lleve a una supresión en forma de superación por cuenta de una revolución hacia patrones de consumo capitalista, más bien a lo que asistimos es a una crisis en parte medioambiental, demográfica y como consecuencia de ello de caída de la demanda, pero esto no implica que nuestro sistema de organización social vaya a desaparecer.

En este sentido las empresas como actores claves en la generación de riqueza, de soluciones sociales y de promoción de bienestar son claves en la forma para afrontar los problemas derivados de la crisis económica y social de la pandemia. En este sentido la idea del valor compartido como forma de nuevos modelos de negocio tiene que ser el eje del accionar empresarial, no solo para garantizar la estabilidad y promoción de su negocio, generar bienestar en sus empleados, sino para irradiar y expandir sus beneficios a la sociedad, esa es hoy la clave para la supervivencia empresarial.

No solo hemos asistido a una reconfiguración del marketing empresarial a través de sus campañas de solidaridad y promoción de valor con las comunidades vulnerables con voluntariado de sus empleados o transmisión de recursos de diversa índole a las comunidades en donde consideran importante su impacto para el bienestar, sino que también estamos viendo esto cómo les puede generar más réditos y beneficio para el posicionamiento de su marca y su mejor relación con las comunidades y el medioambiente. Este tipo de compañías, no solo las que prestan un servicio al mercado en aras de una ganancia o recompensa económica son las que están llamadas a liderar sus nichos de mercado y a generar más sinergias que impacten positivamente en la generación de acciones en sus ciudades, regiones y países.

La posición de los gobiernos y sus ciudadanos que deciden sobre su futuro y lo que más les convenga no va a ser solo identificarse con marcas que tienen un impacto en el mercado ya sea con una innovación tecnológica o con solo un beneficio económico, sino con aquellas que han buscado soluciones a partir de su modelo de negocio a la crisis por la que estamos atravesando. En este la empresa va a dejar de ver su mercado solo como una relación de proveedor con un cliente a la de una organización que genera una
identidad y un valor con un ciudadano comprometido con su entorno y futuro.

Las nuevas generaciones denominadas Millenians o Centenians así lo reclaman y están cada vez más comprometidas con los valores democráticos y la armonía entre el mercado y el medio ambiente, aspecto este que sin duda la pandemia por la COVID19 reafirmará en sus criterios y opciones de consumo, así como en sus decisiones por candidatos que promuevan y se identifiquen con este tipo de empresas y de iniciativas de negocios. Solo con esto podremos divisar una nueva aurora en donde logremos garantizar la
supervivencia humana en armonía con nuestro entorno.

La mercantilización y la monetización de los recursos nos ha encarcelado en el paradigma de enriquecimiento y acaparamiento material (entendidos como progreso). Mientras la palabra economía significa administración de la escasez, nuestros sistemas con ese nombre actúan más como juegos donde se compite por la acumulación. Esto puede ser visto como un trastorno cultural de los tiempos modernos, donde el orden de las prioridades se encuentra completamente alterado (Ocalan, 2017) .

Nuestros modelos sociales por más sólidos que se presenten no paran de mostrar sus debilidades. El mundo está pidiendo un cambio, no solo teórico, sino reflejado en las prácticas de todos los días, que debería ir encaminado hacia la superación de las filosofías que conciben la explotación del hombre sobre el hombre, y las barreras que nos dividen de ser una sola humanidad que se preocupa y cuida como iguales.

Muchas de las teorías económicas que surgen en este contexto están relacionadas con la implementación de impuestos a la riqueza, la creación de salarios básicos, recursos compartidos, nuevas escalas de valor, y el uso masivo de tecnologías que buscan descentralizar la información de las estructuras humanas para reducir gastos administrativos, cadenas de mediadores, fomentar la transparencia y controlar prácticas
corruptas.

La humanidad ha estado centrada en luchar contra sí misma, pero ahora tenemos que cooperar contra enemigos comunes, cuyas sutiles maneras de destruirnos son totalmente diferentes a las que nos hemos centrado en enfrentar.

  • Gabriel Antonio Orozco Restrepo 1
  • Juan Carlos Bell Llinás 2
1 Filósofo, Esp. en América Latina, Magíster en Diplomacia y Relaciones Internacionales, Doctor en Economía y Relaciones internacionales. Director del Doctorado en Sociedad y Cultura Caribe (Universidad Simón Bolívar). gabriel.orozco@unisimonbolivar.edu.co
2 Politólogo, Especialista en Derecho Ambiental, Urbanístico y Territorial, Magister en Negociación
y Manejo de Conflictos. Investigador (Universidad Simón Bolívar). Bell.juan.carlos@gmail.com

Bibliografía

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Marx, K. (2008). El Capital – Crítica de la Economía Política. Tomo I, El Proceso de
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Ocalan, A. (2017). Capitalism: The age of Unmasked Gods and Naked Kings. Manifesto for
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Piketty, T. (2019). Capital et Idéologie. (P. Rosanvallon, Ed.) Paris, France: Seuil.
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and Design.) Retrieved Marzo 2020, from The next outbreak?, we are not ready:

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Vinyamata, E. (2015). Conflictología. Revista Paz y Conflictos, 8, 9-24.

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Zowalaty, M. J. (2020, February). From SARS to COVID-19: A previously unknown SARS-
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