Por: Mauricio Sánchez Osorio

Profesor investigador

Departamento de Bioética

Universidad El Bosque

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible promulgados en el año 2015 por las Naciones Unidas, desde una mirada prospectiva, nos brindan la oportunidad de planear las acciones de la humanidad para la afirmación de la vida en el planeta, en medio de condiciones de justicia y equidad que garanticen el logro del buen vivir “sin dejar a nadie atrás”.

Los aproximadamente 300 indicadores de seguimiento, elaborados en marzo de 2017 por la Comisión Estadística de las Naciones Unidas, para llevar a cabo el monitoreo de las 169 metas incluidas en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (Naciones Unidas, 2020), nos permitirán – como humanidad- verificar constantemente si nuestro tránsito hacia nuevas formas de relacionamiento con otros seres humanos, con otras especies y con el ambiente, mantiene su avance.

El fin de la pobreza, la erradicación del hambre, la búsqueda de la seguridad alimentaria, el mejoramiento de la salud, la educación, la igualdad de género y empoderamiento de la mujer, acciones positivas por parte de los estados y la sociedad civil para garantizar el acceso de la población al saneamiento básico, agua limpia, acceso a energía convencional y alternativa, la implementación de estrategias para el logro del crecimiento económico, montaje de infraestructura, reducción de desigualdades entre países,  nuevas formas de ordenamiento territorial, producción y consumo sostenibles, el preocupante cambio climático, el cuidado de los océanos y los bosques, las estrategias que implementaremos para combatir la desertificación, la conservación de la diversidad biológica , el bien superior de paz para nuestras sociedades multiculturales y la justicia como principio básico de la ética en nuestra sociedad contemporánea, son algunos de los temas que los objetivos de desarrollo sostenible incorporan a la agenda mundial como estrategia universal para el bienestar de nuestros pueblos, de los animales de otras especies y del ambiente. Lo anterior, planteado desde el enfoque de comunidad moral de largo alcance- desarrollo sostenible- que nos permite incluir también, en esta planeación, a los ausentes, aquellos que están por venir- las generaciones futuras- (Riechmann, 2005, pág. 390).

El Objetivo de Desarrollo Sostenible número tres -Salud y bienestar- identifica de manera puntual, el mejoramiento de la salud de los humanos y la plena conexión existente entre este objetivo con el desarrollo sostenible (Naciones Unidas, 2020). Es innegable el avance de la humanidad en este campo, gracias entre otras variables, a la aplicación y desarrollo tecno-científico producto de las revoluciones Infotecnológicas y biotecnológicas a las que asistimos en estos tiempos.

La disminución constante de la mortalidad materna e infantil en muchos países del mundo y la minimización de los impactos generados por enfermedades como el VIH y la Malaria (Naciones Unidas, 2020), son indicadores que generan esperanza en la población. Sin embargo, en medio de un mundo dinámico, evolutivo y complejo, innumerables retos surgirán constantemente y pondrán a prueba la capacidad de reacción de nuestra especie frente al desafío de su propia conservación y la conservación de las diferentes formas de vida que coexisten con nosotros en la biosfera.

La pandemia por COVID-19 es un claro ejemplo de los nuevos retos a los que hacía referencia anteriormente. Esta situación representa un riesgo muy alto para la especie humana y logró poner a prueba la capacidad de reacción de la humanidad frente a una amenaza de tipo global. La fragilidad de los sistemas de salud de muchas naciones en ámbitos tan importantes como la capacidad tecnológica instalada, equipo humano idóneo y suficiente que garanticen la atención a la población afectada, la protección del personal sanitario y el aseguramiento de condiciones laborales y de bioseguridad dignas para quienes prestan tan noble servicio en lo que se denomina hoy en día “personal de primera línea”, son – especialmente para los países en vía de desarrollo- vergonzantemente precarias.

Las desigualdades económicas y sociales entre las naciones y al interior de ellas, son muy amplias y el análisis de la justicia frente a la necesaria distribución de los recursos escasos con los que contamos -tecno científicos, humanos y organizacionales- en medio de la pandemia, es una discusión que debe darse a nivel mundial, si se pretende cumplir con el objetivo tres de la agenda 2030 de las Naciones Unidas.

la bioética se configura como un espacio de pensamiento que puede brindar herramientas eminentemente prácticas dotadas de estructuras argumentativas sólidas para la toma de decisiones que permitan la protección de la vida en todas sus manifestaciones, toda vez que, como campo de conocimiento multicultural, trans y multidisciplinario, busca identificar y resolver preguntas de tipo ético que surgen a partir de las investigaciones, desarrollos y aplicaciones tecno científicas en medio de sociedades que se caracterizan por su complejidad y pluralismo (Hottois, 2007, pág. 7).

Conscientes de las amplias discusiones que deben darse a nivel mundial, en todos los campos del conocimiento, en especial en los relacionados con la ciencia y la técnica y con el fin de resolver de manera colegiada las preguntas de tipo ético que surgirán de estas reflexiones, el departamento de bioética de la Universidad El Bosque propone “el fortalecimiento del pensamiento crítico para la búsqueda de cursos de acción óptimos en los temas relacionados con la aplicación y desarrollo tecno científico en las áreas de salud, educación y ambiente, por medio de la creación y/o fortalecimiento de los comités de bioética en instituciones públicas y privadas en Colombia”.

El reto que representa para la especie humana la pandemia por COVID-19 que enfrentamos actualmente, afecta directamente el cumplimiento del ODS número tres. presiona y permite la movilización de la humanidad en torno a la protección de su propia vida. Cercos epidemiológicos logrados con eficacia por medio de la aplicación de la infotecnología, investigación científica en todo el planeta movilizada con el objetivo de encontrar la vacuna que nos permita detener la amenaza, espacios de reflexión crítica desde las ciencias sociales que arrojan decisiones estratégicas para el fortalecimiento de nuestros sistemas de salud y la minimización de contagios por medio de aislamientos sociales, fueron algunas de las reacciones que nos permitieron generar espacios de reflexión sobre el replanteamiento de las relaciones inter-subjetivas e inter-específicas existentes, para el resurgimiento de las visiones colaborativas entre humanos con su propia especie y con su entorno.

La Organización mundial de la salud (OMS) por ejemplo, presenta este año su Plan Estratégico de preparación y respuesta frente a la pandemia por COVID-19. En este documento de enfoque colaborativo, se plantean como puntos estratégicos de acción el rastreo y comprensión del comportamiento del virus, la garantía de cuidados para los pacientes, el aseguramiento de suministros de bioseguridad al personal de primera línea, la aceleración de las investigaciones para desarrollar la vacuna y el cuidado de la salud mental – principalmente a trabajadores sanitarios- (Naciones Unidas, 2020)

Teniendo en cuenta este plan estratégico de preparación y respuesta, el Departamento de Bioética de la Universidad El Bosque junto con la Sub Red integrada de servicios de salud Norte, de la ciudad de Bogotá implementan desde el mes de abril del presente año el “Comité de bioética para la toma de decisiones en unidades de cuidado intensivo y limitación de esfuerzo terapéutico en la atención hospitalaria del norte de la capital del país durante la pandemia por COVID-19” dicha iniciativa permite la generación de espacios para la toma de decisiones estratégicas (Preparación , adaptación y reubicación de recursos) y acciones asistenciales (Instrucción a personal sanitario para el mejoramiento de la relación con sus pacientes y toma de decisiones de manera colegiada para la disminución de la carga moral de aquellas personas que hacen parte del grupo denominado “primera línea”).

Dada la situación de un eventual desbordamiento del sistema de salud colombiano como consecuencia del crecimiento exponencial de contagios frente a las limitaciones del sistema, (capacidad instalada, personal sanitario idóneo para la atención y condiciones de bioseguridad de los mismos) surge la pregunta por la manera en que se distribuirán los recursos escasos disponibles en medio de esta difícil situación. La implementación de criterios materiales de justicia distributiva requerirá de toma de decisiones que representan conflictos morales.

Dentro del marco del plan Estratégico de preparación y respuesta frente al COVID-19 de la Organización Mundial de la Salud, se plantea de manera puntual el cuidado de la salud mental principalmente de los trabajadores sanitarios (Naciones Unidas, 2020). Lo anterior, sumado a las indicaciones de presidencia de la República, Ministerio de Salud de Colombia y la Alcaldía de Bogotá, permiten visibilizar la importancia del acompañamiento en la toma de decisiones en unidades de cuidado intensivo al personal sanitario, con el fin de disminuir la carga moral de las personas que a diario asumen el desgaste emocional en la toma de decisiones para la asignación o no de soportes vitales artificiales o readecuación de esfuerzos terapéuticos.

Diferentes encuentros (Comités) entre profesores del departamento de bioética de la Universidad El Bosque y personal sanitario y administrativo de la Sub Red integrada de servicios de salud Norte, de la ciudad de Bogotá, permitieron llevar a cabo la revisión de documentos guía para la toma de decisiones en unidades de cuidado intensivo, la elaboración de documentos como guías sugeridas para el entrenamiento del personal sanitario de primera línea y actividades de análisis de casos en los cuales se identificaron y resolvieron preguntas de tipo ético que surgieron en medio de las reflexiones de cada caso concreto por el cual era citado el comité. Lo anterior nos permite dar cuenta de la importancia del comité de bioética para el acompañamiento en la toma de decisiones en esta institución pública.

Consolidar una propuesta que aporte al fortalecimiento del pensamiento crítico para la búsqueda de cursos de acción óptimos en los temas relacionados con la aplicación y desarrollo tecno-científico en las áreas de salud, ambiente y educación, por medio de la creación y/o fortalecimiento de los comités de bioética en instituciones públicas y privadas en Colombia, puede aportar a la consecución de las metas planteadas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que el análisis deliberativo de las oportunidades y riesgos que conlleva la tecno-ciencia en medio de los relatos políticos , económicos y religiosos propios de la humanidad, nos permitirán generar el acompañamiento colegiado necesario a una tecnosfera que profundiza las incertidumbres de la supervivencia de la humanidad y de los demás seres que habitan la biosfera junto a nosotros.